Bienestar y salud en la Naturaleza

Shinrin Yoku con animales

Una experiencia que me produce un gran bienestar, es realizar ejercicios de meditación/relajación con alguno de los galgos con los que convivo.

A eso junto una de las sensaciones más hermosas y tranquilizadoras que experimento, esta es la sensación de la hierba, la arena o la tierra en mis pies.
Lo reconozco, me encanta andar descalza, si a eso sumo hacerlo sobre un prado verde, sobre un bosque con hojarasca y tierra, o con las cosquillas que me produce la fina arena de la playa, el resultado es impresionante.

Ciertamente cuando medito al lado de mi caballo se producen algunas escenas muy bonitas que contaré en otro momento.

Volviendo al hilo principal, meditar con alguno de estos animalillos es hermoso.
Lo que suelo hacer es pasear un rato con él, sin prisas, deambular por el monte o la playa sin ningún fin determinado, unas veces voy yo delante y otras veces (la mayoría) me dejo guiar por ellos.
Disfrutamos de los sonidos que nos ofrece la naturaleza, las aletas de la nariz se abren para percibir los aromas, del tacto del suelo y de las flores, árboles, etc, miro con una mirada que quiere ver, que no espera nada y descubre todo su alrededor como recién nacido, escucho los sonidos y escucho la respiración de mi galgo.
Estas acciones en sí mismas ya es meditación, estoy en el aquí y ahora, explorando la naturaleza sin esperar nada, sin expectativas.
En algún momento llegamos a un lugar en el que nos paramos, ese es el lugar adecuado, no hay que preguntarse nada, simplemente ES, en ese momento es el lugar correcto para un meditación más profunda.
Suelo sentarme o bien apoyarme en un árbol y comienzo a respirar conscientemente, es decir, observo como inhalo aire, lo dejo en mi interior unos segundos y lo expulso.
Esta acción la llevo a cabo durante unos minutos.
Mientras tanto, el galgo que me acompaña realiza diversas acciones según su forma de ser y su estado.
Sus reacciones habituales son: Uno se tumba tranquilamente de cara a mí, observándome. Otro se tumba dándome la espalda. Otro comienza a gimotear dando pequeñas vueltas a mi alrededor y la Emperatriz se tumba de forma que puede observar tanto a mí como el entorno.
En todos los casos voy acomodando mi respiración a la suya. Este ejercicio de acompasar respiraciones consigue que mi atención esté centrada y mi mente no divague.
A la vez observo como su respiración y su estado se va relajando.
Cuando siento que nuestras respiraciones van al compás, opto por cerrar los ojos, fijo mi mente en lo último que he mirado o repito alguna frase específica.
Al cabo de un rato vuelvo poco a poco a abrir los ojos y comienzo a moverme con lentitud.
¿Qué ha hecho mi acompañante canino mientras tanto? Todos y cada uno de ellos, fuese cual fuese su estado anterior aparecen tumbados y con los ojos cerrados.
A todo esto unido a otros, en Japón lo llaman Shinrin Yoku o Baños de Bosque.
Eso sí, en mi caso añado mi galgo y aprendo que todavía es más profundo y beneficioso.
Si tienes un animal de compañía, sea cual sea, te invito a realizar este ejercicio, en caso de que se coloque a tu lado, posa una mano sobre su piel, es todavía más relajante y efectivo.
Si no puedes darte un Baño de Bosque, hazlo en casa con tu animal de compañía, con Gatos la experiencia es también excepcional.
¿No tienes un animal como compañía?
¿Tienes pero te apetecería hacerlo con más personas?
¿Quieres una guía que te acompañe?
Ponte en contacto conmigo y buscamos una solución satisfactoria.
Recuerda que también podemos trabajar junt@s a través de Skype.
Las distancias ya no existen.

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Shinrin-Yoku

BAÑOS DE BOSQUE

¿Y eso qué es?

Cuál fue mi asombro cuando descubrí que una de mis necesidades desde que era muy pequeña, existía no sólo con nombre propio, sino que estaba basado en estudios realizados por científicos Japoneses y Americanos.

Shinrin-Yoku es el nombre que los Japoneses le han puesto, su traducción es Baños de Bosque.

El nombre me encanta, Shinrin-Yoku, suena dulce, tranquilo, yo lo veo en tonos de suave ocre y verde musgo húmedo, huele como una mañana azul de mar limpio.

Como estaba diciendo, perderme en el bosque era y es una de mis aficiones favoritas, no tengo la necesidad de alcanzar cimas, ni medir el tiempo transcurrido en llegar a algún lugar concreto, lo cierto es que para bien o para mal entre mis cualidades y defectos no existe la palabra competitividad.
Por lo tanto cuando voy al monte lo hago sin prisas, disfrutando del ambiente. Me dejo llevar por pistas o caminos abiertos por los animales, suelo llegar a lugares especialmente tranquilos, unas veces a un pequeño riachuelo otras un frondoso grupo de árboles, otras a una braña con hierba suave y fresca, no importa.
A lo largo de mi aprendizaje fui incorporando respiraciones conscientes, tacto de los elementos que me atraían, paradas para observar colores o sonidos, etc. Lo que llamo “descanso de la vista”, cambio de olores de la ciudad a la naturaleza.
Utilizaba estas escapadas para realizar meditaciones, ejercicios de relajación física y relajación mental.
En fin, he dedicado mi tiempo en la naturaleza para curarme del estrés y similares.
Poco a poco fui creando protocolos propios para realizar los Baños de Bosque, donde integro todos los elementos que considero necesarios para obtener el máximo beneficio de los paseos.

Las pautas que considero básicas son:
Silencio.
Calma
Respiración consciente.
Utilización de todos los sentidos que poseemos.
No esperar ningún resultado, es decir, lo que la Naturaleza nos ofrezca es lo que ese día podemos disfrutar.
Agradecimiento.

Hay un artículo interesante donde explican Shinrin-Yoku: http://losarbolesinvisibles.com/shinrin-yoku-la-medicina-del-bosque/

YO

¿Quien soy?, ¿Qué soy?

El otro día, en una pequeña reunión me presentaron a una persona, al poco rato me preguntó ¿tú qué eres?.

Claro, ante esa pregunta, tan habitual y tan banal, sólo se me ocurrió presentarme otra vez para recordar mi nombre.

Sí, ya sé, no era esa respuesta la que se esperaba al hacer la famosa pregunta.

Aun así, sigo sintiendo que fue la más correcta y cierta que podía ofrecer.

Poniéndome a pensar, ¿cual habría sido la respuesta correcta?
Depende de quien haga la pregunta

Soy hija. Soy sobrina. Soy tía.
Soy mujer. Soy amiga. Soy querida.
Soy Coach.
Soy formadora.
Soy comunicadora.
Soy creadora.
Soy autodidacta. Soy estudiante.
Soy trabajadora. Soy indolente
Soy responsable. Soy Irresponsable.
Soy sensible. Soy muy Sensible.
Soy Instintiva, Soy muy Instintiva.
Soy emocional. Soy Racional.
Soy amante de la naturaleza.
Soy amante de las personas y sus valores.
He sido nieta
He sido téc. de prevención
He sido voluntaria.
He sido amiga
He sido irresponsable. He sido responsable
He sido estudiante.
He sido y soy tantas cosas que me es imposible recordar ni escribir.

Si quisiera explicar qué soy, quién soy, tardaría unas cuantas horas y aun así sería parcial e incompleto.
Para cada persona somos distintos, depende del tipo de relación que hayamos tenido, de la época y edad en que nos hayan conocido y en la que ellos estuviesen, de la hora del día o de la noche, de si son compañeros de trabajo o amigos o amigas o las dos a la vez, familia, etc.

Porque con cada uno dejamos ver una parte de nosotros.

La esencia, carácter y comunicación es la misma, pero la expresión, las emociones y sentimientos que dejamos ver son distintas dependiendo del entorno y las personas que nos rodean.

Ciertamente, lo importante no es que o quienes somos para los demás.
Importa qué somos para nosotros mismos, nuestros valores, creencias, nuestra esencia.
Por lo tanto y volviendo al principio, considero que mi respuesta fue honesta al responder: Yo soy Lidia.

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El olor del miedo

Opciones de actuación frente al miedo ajeno

El otro día tuvimos una conversación de un grupo de personas cuya característica común es la sensibilidad.

El debate era sobre el miedo, el olor del miedo y eso hace que otras personas lo reciban y se alejen.

Bien, yo no soy científica por lo que me he estado informando.

Aquí os dejo un enlace sobre El olor del miedo en humanos. Hay muchos más, unos son científicos y otros escritos de forma coloquial.

Tal y suelo hacer en mis escritos, lo que escribo es una opinión personal fruto de mi pensamiento, experiencia, escucha a los demás sin juzgar y lecturas varias.

Parece que efectivamente el miedo huele, también parece que los humanos inconscientemente somos capaces de olerlo. Pienso que si rememoramos, casi todos podremos recordar algún momento en que nos hayamos “olido” a nosotros mismos debido a una situación de estrés o de temor, así como a alguna persona cercana.

La expresión corporal y facial hace que se pueda “leer” en una persona el miedo, y eso nos pone en guardia porque sabemos cómo interpretar ese miedo, nuestro instinto, nuestro cerebro reptiliano nos informa que si una persona tiene miedo puede que estemos en peligro.

En algunas personas esa llamada de atención produce un efecto de rechazo a ese peligro a través de rechazar a esa persona, como si fuera la causante del riesgo.

Otras personas lo que hacen es alejarse del riesgo.

Luego está también la persona o grupo que se para, analiza y si no observa ningún peligro real opta por ser indiferente a ese miedo que se transmite o incluso se acerca para preguntar o ayudar.

Si lo pienso bien, creo que he ido reaccionando de todas las formas que he escrito, y seguro que hay alguna más de la que ahora me olvido.

En este momento soy capaz de analizar, casi siempre, el miedo de los demás desde un punto de vista de mi mente y mis emociones, con ello decido qué acción tomar del abanico que tengo. Y el poder de decisión me da la libertad que necesito para vivir conforme a mis valores personales.

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Si vas a tomar un café

Cosas que pasan al salir de casa

Tomando un café en el jardín de una cafetería, se sentó frente a mi mesa, un señor de unos treinta y muchos años.
Era una persona que realizaba sus movimientos metódicamente, aprendidos para no perder las cosas que llevaba en su pequeña mochila, todo bien ordenado y cada cosa en su sitio. Tuve cierta envidia al mirar el desorden de mi bolso.
Me preguntó cómo me llamaba (sí, en otro post he puesto la misma pregunta, y los dos son relatos reales), él también se presentó.
Pasó a preguntar sobre lo que hacía, escribir en un cuaderno fue mi contestación, a partir de ahí me fui enterando que salía a pasear por las mañanas y por las tardes, que su madre le había enseñado a no fiarse de las personas, que esta había fallecido y vivía solo.
Me comentó que le gustaría tener amigos para pasear y estar más acompañado, pero que era muy difícil ya que no todos eran buenos, esto lo iba repitiendo cíclicamente durante la conversación.
Por mi parte le respondí con una pregunta, tenía una asistente social que llevaba sus temas?, me contestó que sí, del ayuntamiento.
Mi sugerencia fue que hablara con ella y le pidiese que le recomendara alguna asociación o grupo que se reuniera de vez en cuando para que no estuviese siempre solo.
Al final de la conversación prometió que lo haría al día siguiente.
Paseando pensaba en esta persona, la forma en que lo habían enseñado a interactuar con otras personas le llevaba a la desconfianza y a la soledad.
Esas enseñanzas, deduje por su forma de hablar, que fueron hechas desde el cariño para protegerlo de una sociedad potencialmente peligrosa para él.
Seguí reflexionando, las personas que trabajan en lugares oficiales, para cuidar a personas que pueden situarse en colectivos con riesgo de exclusión no podrán seguir todos los casos.
Es normal que haya tantas Asociaciones y fundaciones para ocupar ese lugar necesario, y aún así, hay muchas personas con diversidad funcional que están solas y sobre todo, se sienten solas.
Aún así, creo que las personas que formamos esta sociedad podemos poner nuestro granito de arena, aunque sólo sea respondiendo cuando nos hablen en una cafetería, en un tren, etc.
Yo me siento bien, poniendo este pequeño granito.

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