YO

¿Quien soy?, ¿Qué soy?

El otro día, en una pequeña reunión me presentaron a una persona, al poco rato me preguntó ¿tú qué eres?.

Claro, ante esa pregunta, tan habitual y tan banal, sólo se me ocurrió presentarme otra vez para recordar mi nombre.

Sí, ya sé, no era esa respuesta la que se esperaba al hacer la famosa pregunta.

Aun así, sigo sintiendo que fue la más correcta y cierta que podía ofrecer.

Poniéndome a pensar, ¿cual habría sido la respuesta correcta?
Depende de quien haga la pregunta

Soy hija. Soy sobrina. Soy tía.
Soy mujer. Soy amiga. Soy querida.
Soy Coach.
Soy formadora.
Soy comunicadora.
Soy creadora.
Soy autodidacta. Soy estudiante.
Soy trabajadora. Soy indolente
Soy responsable. Soy Irresponsable.
Soy sensible. Soy muy Sensible.
Soy Instintiva, Soy muy Instintiva.
Soy emocional. Soy Racional.
Soy amante de la naturaleza.
Soy amante de las personas y sus valores.
He sido nieta
He sido téc. de prevención
He sido voluntaria.
He sido amiga
He sido irresponsable. He sido responsable
He sido estudiante.
He sido y soy tantas cosas que me es imposible recordar ni escribir.

Si quisiera explicar qué soy, quién soy, tardaría unas cuantas horas y aun así sería parcial e incompleto.
Para cada persona somos distintos, depende del tipo de relación que hayamos tenido, de la época y edad en que nos hayan conocido y en la que ellos estuviesen, de la hora del día o de la noche, de si son compañeros de trabajo o amigos o amigas o las dos a la vez, familia, etc.

Porque con cada uno dejamos ver una parte de nosotros.

La esencia, carácter y comunicación es la misma, pero la expresión, las emociones y sentimientos que dejamos ver son distintas dependiendo del entorno y las personas que nos rodean.

Ciertamente, lo importante no es que o quienes somos para los demás.
Importa qué somos para nosotros mismos, nuestros valores, creencias, nuestra esencia.
Por lo tanto y volviendo al principio, considero que mi respuesta fue honesta al responder: Yo soy Lidia.

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La Importancia de Agradecer

PARA QUÉ DAR LAS GRACIAS

Yo tenía una vecina, que cuando la dabas las gracias sonreía, luego fruncía el ceño y te decía: “Las gracias a los curas que las dan cantando”.

Cuando era pequeña no entendía porque me respondía así, al crecer lo entendí y de vez en cuando la daba las gracias sólo para poder verla y escuchar su famoso refrán, me divertía y hacía sentir bien.

Nos enseñan a dar las gracias por un tema social de educación, sin embargo agradecer es mucho más importante que una norma social.
Cada vez que das las gracias a alguien o a algo te haces más grande como ser humano.

Esas gracias para que sean útiles en quien las recibe y en quien las da, es imprescindible que sean entregadas desde la consciencia.
Cada vez que agradezco de forma consciente me siento un poco mejor persona.

Cada veza que agradezco me recuerdo que derecho a recibir.

Cada vez que doy las gracias soy consciente que nada ni nadie tiene obligación de entregar, de darme objetos, sonrisas, cariño, amor, etc. y que el acto válido de entrega es voluntario, como voluntariamente lo acepto.

En el acto de dar las gracias está el poder de elegir el amor como forma de vida, en vez de la exigencia y la queja.

Aunque parezca obvio, yo doy las gracias a mis galgos cada vez que me entregan un mimo, a mi caballo cada vez que juega conmigo, a los bosques por sus juegos de luz y sombra, a las flores por su tacto, su color y sus aromas, a las personas que me rodean y me quieren, a las que no me quieren también porque provocan que crezca y eso es bueno para mí.

Cierro este post dando las gracias a los que dedicáis vuestro tiempo a leerlo.

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El olor del miedo

Opciones de actuación frente al miedo ajeno

El otro día tuvimos una conversación de un grupo de personas cuya característica común es la sensibilidad.

El debate era sobre el miedo, el olor del miedo y eso hace que otras personas lo reciban y se alejen.

Bien, yo no soy científica por lo que me he estado informando.

Aquí os dejo un enlace sobre El olor del miedo en humanos. Hay muchos más, unos son científicos y otros escritos de forma coloquial.

Tal y suelo hacer en mis escritos, lo que escribo es una opinión personal fruto de mi pensamiento, experiencia, escucha a los demás sin juzgar y lecturas varias.

Parece que efectivamente el miedo huele, también parece que los humanos inconscientemente somos capaces de olerlo. Pienso que si rememoramos, casi todos podremos recordar algún momento en que nos hayamos “olido” a nosotros mismos debido a una situación de estrés o de temor, así como a alguna persona cercana.

La expresión corporal y facial hace que se pueda “leer” en una persona el miedo, y eso nos pone en guardia porque sabemos cómo interpretar ese miedo, nuestro instinto, nuestro cerebro reptiliano nos informa que si una persona tiene miedo puede que estemos en peligro.

En algunas personas esa llamada de atención produce un efecto de rechazo a ese peligro a través de rechazar a esa persona, como si fuera la causante del riesgo.

Otras personas lo que hacen es alejarse del riesgo.

Luego está también la persona o grupo que se para, analiza y si no observa ningún peligro real opta por ser indiferente a ese miedo que se transmite o incluso se acerca para preguntar o ayudar.

Si lo pienso bien, creo que he ido reaccionando de todas las formas que he escrito, y seguro que hay alguna más de la que ahora me olvido.

En este momento soy capaz de analizar, casi siempre, el miedo de los demás desde un punto de vista de mi mente y mis emociones, con ello decido qué acción tomar del abanico que tengo. Y el poder de decisión me da la libertad que necesito para vivir conforme a mis valores personales.

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De donde vienen los amigos?

Los amigos vienen de París?

Estuve hablando por teléfono con una amiga y luego me quedé “pelando la pava” un buen rato.
No fue un rato inútil, estuve pensando sobre los orígenes de mis amistades actuales, sus diferentes procedencias y personalidades.
Quizá primero voy a hacer una definición de lo que para mí son amigos.
Los defino como personas a las que quiero, donde puedo ser como soy, a los que puedo decir lo me apetece (no confundir con la falsa sinceridad) o puedo callar cuando quiero. También son personas a las que puedo referirme cuando tengo una necesidad emocional, o cuando me apetece mantener una conversación. Son los que no me exigen ni me piden, simplemente me dicen lo que quieren con sencillez.
Según esta definición propia me queda claro que la importancia que les doy es alta, tan alta como selectiva, tengo que reconocerlo.
Con el tiempo he ido limpiando conocidos y quedándome con amigos, eso quiere decir que mi vida social es más bien escasa, aunque de alta calidad.
Es la decisión que he tomado. Mis amigos son personas que me quieren y me aceptan como soy, con mis defectos y que ven mis cualidades con alegría e incluso me las hacen visibles.
Mis amigos son personas a las que quiero, que los acepto como son, sus posibles singularidades los veo como un reflejo de las mías y sus valores refuerzan los míos.
Por Sant Jordi, los regalo una rosa virtual.
Gracias por estar ahí AMIGOS, aunque no vengáis de París

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Si vas a tomar un café

Cosas que pasan al salir de casa

Tomando un café en el jardín de una cafetería, se sentó frente a mi mesa, un señor de unos treinta y muchos años.
Era una persona que realizaba sus movimientos metódicamente, aprendidos para no perder las cosas que llevaba en su pequeña mochila, todo bien ordenado y cada cosa en su sitio. Tuve cierta envidia al mirar el desorden de mi bolso.
Me preguntó cómo me llamaba (sí, en otro post he puesto la misma pregunta, y los dos son relatos reales), él también se presentó.
Pasó a preguntar sobre lo que hacía, escribir en un cuaderno fue mi contestación, a partir de ahí me fui enterando que salía a pasear por las mañanas y por las tardes, que su madre le había enseñado a no fiarse de las personas, que esta había fallecido y vivía solo.
Me comentó que le gustaría tener amigos para pasear y estar más acompañado, pero que era muy difícil ya que no todos eran buenos, esto lo iba repitiendo cíclicamente durante la conversación.
Por mi parte le respondí con una pregunta, tenía una asistente social que llevaba sus temas?, me contestó que sí, del ayuntamiento.
Mi sugerencia fue que hablara con ella y le pidiese que le recomendara alguna asociación o grupo que se reuniera de vez en cuando para que no estuviese siempre solo.
Al final de la conversación prometió que lo haría al día siguiente.
Paseando pensaba en esta persona, la forma en que lo habían enseñado a interactuar con otras personas le llevaba a la desconfianza y a la soledad.
Esas enseñanzas, deduje por su forma de hablar, que fueron hechas desde el cariño para protegerlo de una sociedad potencialmente peligrosa para él.
Seguí reflexionando, las personas que trabajan en lugares oficiales, para cuidar a personas que pueden situarse en colectivos con riesgo de exclusión no podrán seguir todos los casos.
Es normal que haya tantas Asociaciones y fundaciones para ocupar ese lugar necesario, y aún así, hay muchas personas con diversidad funcional que están solas y sobre todo, se sienten solas.
Aún así, creo que las personas que formamos esta sociedad podemos poner nuestro granito de arena, aunque sólo sea respondiendo cuando nos hablen en una cafetería, en un tren, etc.
Yo me siento bien, poniendo este pequeño granito.

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