SOLEDAD

SOLEDAD ACOMPAÑADA

Hay días que parecen ni empezar ni acabar.
Hay días que no apetece ser.
Hay días en que no sientes que te conozcas.
Pareces una sombra de ti.
Ni siquiera tu sombra te recuerda a quien creías conocer.
Hay días en que, por mucho que luzca el sol en el exterior, tu interior lo sientes sombrío, azul oscuro, gris azulado.
Hay días que por mucho que abras las ventanas sigue oliendo a casa cerrada con humedades y goteras.
Incluso esos días son buenos.
Sirven para aprender. Es una oportunidad más que esta vida nos ofrece.
Asimilar que esos días llegan, existen, pasan y vienen otros días de luz.
Practicar a mirarte en el espejo y ver lo que eres de verdad.
Te miras y ves, no adviertes esa sombra física que se vislumbra, sino a ti, el verdadero tú, ese que sabe sobreponerse, que es fuerte para superar las montañas del camino y sensible para no pisar una flor.
Ese TÚ que está lleno de esperanza, de vida, de amor.
La vida la construimos según vamos nadando en sus aguas, unas veces dulce, salada, con tierra, con hierbas, traslúcida, quieta o embravecida, corriendo rápida o haraganeando en remansos.
Mientras nadas o flotas, unos días son sombra y otros son luz, lo importante es que todos los días, los protagonistas somos nosotros, con sonrisas o con lágrimas siempre NOSOTROS.

Botón de luz

Al anochecer solemos hacer algo tan sencillo como dar una llave y conseguimos que nuestras casas y nuestras ciudades se iluminen. Sería bonito cuando sentimos que la oscuridad está en nuestro interior, poder tener a mano un botoncito igual e iluminarnos.

Podemos hacerlo, tenemos ese poder interior, aunque a veces lo tenemos tapado para que su acceso sea complicado. He limpiado ese acceso y soy feliz por ello. Yo soy luz, es una afirmación que si bien puede parecer compleja, es una forma de reconocer que tengo derecho a ser como soy. Eso significa respetarme. Para ello examino las llamadas socialmente “virtudes” y “defectos”. Las reconozco y comienzo a aceptarlas. Entonces es cuando desenmascaro que esas “virtudes y defectos” no son tales, son aprendidas, nos las han enseñado para movernos según las reglas sociales existentes.

Ser consciente de este hecho me lleva a declarar que las reglas sociales limitan mi ser. Decido borrarlas poco a poco, según veo que aparecen, no lucho conmigo misma, simplemente utilizo el borrador.

¡Gran descubrimiento!

Al borrar lo enseñado, aparecen los valores con los que me siento bien, con los que soy feliz. Esos valores con los que me visto y se ajustan como piel propia, porque son mi propia piel interior. Miro el mundo con otros ojos, con ojos de niña inocente, niña amada, lo huelo con la frescura de las mañanas de primavera en el campo, siento su dulzura al acariciar los pétalos de las flores recién abiertas. Al aplicar estos valores sigo asombrándome de lo que esto significa para mí. Forjan el amor y consiguen que sea mi médula y este núcleo se va expandiendo hacia el amor a mí misma, el amor hacia los demás, el amor a la naturaleza, a los animales, el amor ampliado hacia el interior y el exterior.

El amor dilatado me lleva al respeto por todo y por todos. Respetando me siento bien, respetando entiendo mejor a los demás, respetándome soy consciente que puedo decidir sin menoscabo hacia los demás. Decido realizar o no acciones, decido con el corazón y con la razón, escucho a mi cuerpo. Establezco vivir desde el amor y a partir de ahí el mundo anda, el tiempo se mueve y yo adopto el ritmo que marca mi melodía interna. Por todo ello, si anochece en algún momento, voy al Botón de Luz. Lo utilizo sin tener que buscarlo, sin depender de una energía exterior que puede interrumpirse.

A ese Botón lo llamo Amor.

Voy hacia el mar

Llévame libre y salvaje, Llévame hasta el mar.

Qué significan estas dos frases para mí?

Estas dos frases las vivo con un significado similar y complementario.

Al leer o escuchar la frase: “llévame libre y salvaje” pienso en la libertad que uno mismo se da para ser como quiere ser. En esa libertad interior que nos permite disfrutar del momento que se vive sin pensar en el pasado ni en el futuro. De la libertad de verse a sí mismo con respeto y amor, en quitarse la máscara para manifestar nuestra verdadera belleza, la luz que llevamos en nuestro interior y protegemos como si fuese una vela que se apague por una racha de viento.

Cuando siento al “salvaje”, toco al suave animal que somos, ese animal por el que nos brillan los ojos al observar algo hermoso, al observar esa belleza que no es física necesariamente, esa que con la intuición percibes en ti misma, en los demás. Pienso en el salvajismo con el que puedes correr hacia lo alto de una montaña sin cansarte, con las alas del bienquerer, del no tener límites, del ser como eres, del yo en su esencia.

Y todo me dirige a la segunda frase: Llévame hasta el mar.

Al mar lo experimento como al infinito, allí donde hueles la limpieza, la sal, sientes el frescor, miras los diversos tonos azules, verdes, individuales, mezclados, ilimitados en sus tonos. El mar es la vida al completo, el cuerpo, el espíritu, el ser, el estar, es el movimiento continuo, es la ruptura en sus olas y la inmensidad en su destino. El mar junta a la libertad y al salvaje interior, acapara lo que significa las dos palabras, las une, se complementan y crean un círculo de vida y salud. En la utilización del verbo llevar, me veo a mi misma andando, corriendo hacia el lugar donde deseo estar, con el que me quiero mezclar.

Veo una mano amiga que coge la mía y me acompaña hacia ese lugar, al lugar exacto de vivencia plena. Siento su unión en ese enlazar de manos con respeto, sin indicar la dirección, simplemente compartiendo esos momentos de alegría, de paz, de unión. Esta sencilla canción va junto a mí para recordarme cuales son mis metas, mis objetivos de vida fundamentales.

Me apunta que el amor es esencial y que lo inicial es amarse para saber amar a los demás.

Nota: Estas frases pertenecen a una canción de Manolo Tena

Personas pesimistas

Opción de cerrar o abrir nuestras puertas a su relación.

En nuestro entorno solemos tenemos a nuestro alrededor personas pesimistas. En momentos dados todos somos algo pesimistas, pero reflexionamos y nos damos cuenta que tenemos muchas experiencias que agradecer, como dice una amiga mía “le damos la vuelta” volviendo a ser. Me refiero a personas especialmente pesimistas, hablo de esas personas que de sus labios salen habitualmente penas. Recuerdan su pasado como algo negativo, duro.

Su presente es horrible. Su futuro lo divisan “negro”.

Lo habitual es oír que debemos alejarnos.

Mi experiencia me dice que en muchos casos no es necesario este alejamiento, sólo es una opción más que tenemos.

Cuando suelo hacerme algunas preguntas.

- Es una persona que mientras te habla es consciente de lo que dice? o lo hace por costumbre, por la educación recibida, por el entorno donde se mueve?
- Cuando me cuenta esto, hay alguna intención de hacerme mal?
- En general, a pesar de sus pesares continuos, se comporta como una persona bondadosa?

En caso de encontrar resultados negativos a esas preguntas, siento que esas personas están sufriendo sin ser conscientes en la mayoría de los casos, que al repetir continuamente su “penas” no hace más que revivirlas y aumentarlas. En mi caso tiendo a escuchar a las personas y si son amigos de confianza procurar que se vuelvan conscientes de lo que están haciendo. Si ellos quieren esta evolución en su persona, los acompaño en este avance hasta donde quieran llegar. Si deciden que no necesitan ese avance, respeto esa decisión, sigo queriéndolos y progresamos en nuestra amistad.

Si alguien me pregunta ¿por qué esa amistad? ¿qué te aportan?

Mi respuesta es sencilla:

Porque los quiero. Porque me quieren. Porque las personas bondadosas no tienen la obligación de ser perfectas. Porque yo tengo la capacidad de pedir que paren en sus expresiones cuando considero que es bueno para mi.

La flor humilde, la flor hermosa

La clavelina silvestre, una pequeña y sencilla flor violeta-morada que nace en los montes de Cantabria y en tantos otros montes para deleite propio y de quien tiene la suerte de verlas.Puedes encontrar un par de ellas en el borde de un camino o en grupo cubriendo una ladera completa. Hablo de ese primor de la naturaleza de apenas dos centímetros de diámetro.

Su tacto aterciopelado habla de cariño y dulzura, como sólo la naturaleza nos ofrece, con desprendimiento sin esperar el cambio ni el trueque.Desde pequeña sentí predilección por ella. Tumbada sobre la hierba durante horas, las acariciaba, olía y miraba atentamente sus colores y sus pétalos dentados, aparentando una agresividad mientras enjambres de abejas se alimentaban de su esencia.

Son un ejemplo, una referencia en mi vida. Por su sencillez, por su aroma limpio, penetrante de tal forma que en su entorno cercano notas el aire más ligero y la sonrisa surge amplia.

Su capa de pétalos sencillos donde nada se esconde junto al suave tacto hace que experimentes una caricia de nubes intocables.

Todo ello en su conjunto me lleva a las personas que en muchos casos tenemos a nuestro alrededor. Esas personas excepcionales de las que muchas veces no somos conscientes. Las personas sencillas, acariciantes en su silencio y en su cariño, que te ofrecen todo con sus palabras, con sus miradas, sus gestos. Cuando siento a esas personas recuerdo a las clavelinas y la sonrisa aflora libre, mi vida se amplía en todos los sentidos.

Nos enriquecemos de amor y generosidad gracias a esas personas especiales, sencillas y brillantes. Una acción que suelo realizar cuando me siento triste o decaída es pensar en las personas que han iluminado mi vida, agradeciendo su presencia pasada y presente.

Gracias por ser y estar, gracias por todas vuestras enseñanzas, por vuestro amor y por la paz que habéis aportado a mi vida, gracias queridos Maestros.