Aprendiendo a ser feliz

Recuperando a un amigo

Hace más menos un año tuve la suerte de conocer un ser excepcional.

Se llama Horus, el nombre de su anterior vida no es importante.
Horus es otro símbolo de resiliencia en la familia, de fortaleza, de ganas de vivir y de aprender a aceptar cariño sin tener que dar nada a cambio, solo disfrutar de esas caricias y cuidados.
No sabemos qué vida tuvo antes de llegar a nuestra vida, aunque sus reacciones hablan de poco cariño y mucho trabajo.
Durante muchos meses iba, me sentaba en el suelo a una distancia de unos 5 metros y leía en voz alta. Como curiosidad el libro que más parecía gustarle era uno del Dalai Lama, por lo menos era con el que se colocaba de costado y miraba de reojo, en vez de espaldas a mi.
Poco a poco se fue acercando y comenzó a comer zanahorias de mi mano.
A base de zanahorias, paciencia, mimos y no hacer caso a sus desprecios, ahora responde al nombre de Horus, al silbido, e incluso, casi, casi al sonido de mis pasos.
Con tiempo y más tiempo hemos bailado juntos.. bueno yo he bailado y él no se ha alejado, se ha quedado a mi lado mirándome y moviendo sus orejas.
También hemos jugado a empujarnos con cabeza con cabeza, fácil adivinar que ganó él, y a empujarnos hombro con hombro.
Lo que más me ha gustado de todo, ha sido que me permita acariciarle las orejas!!.
Ha sido fantástico, una sensación maravillosa de paz y comunión entre los dos.
Hoy he sido feliz de forma continuada durante unas horas.
Estoy convencida que la felicidad no es permanente sino que se tiene en momentos discontinuos en el tiempo.
Por lo tanto he disfrutado de un buen mordisco de felicidad.
Es algo que “anclaré” a mi memoria para recurrir a ello cuando falten momentos de tranquilidad.

No Comments

Post a Comment