De donde vienen los amigos?

Los amigos vienen de París?

Estuve hablando por teléfono con una amiga y luego me quedé “pelando la pava” un buen rato.
No fue un rato inútil, estuve pensando sobre los orígenes de mis amistades actuales, sus diferentes procedencias y personalidades.
Quizá primero voy a hacer una definición de lo que para mí son amigos.
Los defino como personas a las que quiero, donde puedo ser como soy, a los que puedo decir lo me apetece (no confundir con la falsa sinceridad) o puedo callar cuando quiero. También son personas a las que puedo referirme cuando tengo una necesidad emocional, o cuando me apetece mantener una conversación. Son los que no me exigen ni me piden, simplemente me dicen lo que quieren con sencillez.
Según esta definición propia me queda claro que la importancia que les doy es alta, tan alta como selectiva, tengo que reconocerlo.
Con el tiempo he ido limpiando conocidos y quedándome con amigos, eso quiere decir que mi vida social es más bien escasa, aunque de alta calidad.
Es la decisión que he tomado. Mis amigos son personas que me quieren y me aceptan como soy, con mis defectos y que ven mis cualidades con alegría e incluso me las hacen visibles.
Mis amigos son personas a las que quiero, que los acepto como son, sus posibles singularidades los veo como un reflejo de las mías y sus valores refuerzan los míos.
Por Sant Jordi, los regalo una rosa virtual.
Gracias por estar ahí AMIGOS, aunque no vengáis de París

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Si vas a tomar un café

Cosas que pasan al salir de casa

Tomando un café en el jardín de una cafetería, se sentó frente a mi mesa, un señor de unos treinta y muchos años.
Era una persona que realizaba sus movimientos metódicamente, aprendidos para no perder las cosas que llevaba en su pequeña mochila, todo bien ordenado y cada cosa en su sitio. Tuve cierta envidia al mirar el desorden de mi bolso.
Me preguntó cómo me llamaba (sí, en otro post he puesto la misma pregunta, y los dos son relatos reales), él también se presentó.
Pasó a preguntar sobre lo que hacía, escribir en un cuaderno fue mi contestación, a partir de ahí me fui enterando que salía a pasear por las mañanas y por las tardes, que su madre le había enseñado a no fiarse de las personas, que esta había fallecido y vivía solo.
Me comentó que le gustaría tener amigos para pasear y estar más acompañado, pero que era muy difícil ya que no todos eran buenos, esto lo iba repitiendo cíclicamente durante la conversación.
Por mi parte le respondí con una pregunta, tenía una asistente social que llevaba sus temas?, me contestó que sí, del ayuntamiento.
Mi sugerencia fue que hablara con ella y le pidiese que le recomendara alguna asociación o grupo que se reuniera de vez en cuando para que no estuviese siempre solo.
Al final de la conversación prometió que lo haría al día siguiente.
Paseando pensaba en esta persona, la forma en que lo habían enseñado a interactuar con otras personas le llevaba a la desconfianza y a la soledad.
Esas enseñanzas, deduje por su forma de hablar, que fueron hechas desde el cariño para protegerlo de una sociedad potencialmente peligrosa para él.
Seguí reflexionando, las personas que trabajan en lugares oficiales, para cuidar a personas que pueden situarse en colectivos con riesgo de exclusión no podrán seguir todos los casos.
Es normal que haya tantas Asociaciones y fundaciones para ocupar ese lugar necesario, y aún así, hay muchas personas con diversidad funcional que están solas y sobre todo, se sienten solas.
Aún así, creo que las personas que formamos esta sociedad podemos poner nuestro granito de arena, aunque sólo sea respondiendo cuando nos hablen en una cafetería, en un tren, etc.
Yo me siento bien, poniendo este pequeño granito.

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Aprendiendo a ser feliz

Recuperando a un amigo

Hace más menos un año tuve la suerte de conocer un ser excepcional.

Se llama Horus, el nombre de su anterior vida no es importante.
Horus es otro símbolo de resiliencia en la familia, de fortaleza, de ganas de vivir y de aprender a aceptar cariño sin tener que dar nada a cambio, solo disfrutar de esas caricias y cuidados.
No sabemos qué vida tuvo antes de llegar a nuestra vida, aunque sus reacciones hablan de poco cariño y mucho trabajo.
Durante muchos meses iba, me sentaba en el suelo a una distancia de unos 5 metros y leía en voz alta. Como curiosidad el libro que más parecía gustarle era uno del Dalai Lama, por lo menos era con el que se colocaba de costado y miraba de reojo, en vez de espaldas a mi.
Poco a poco se fue acercando y comenzó a comer zanahorias de mi mano.
A base de zanahorias, paciencia, mimos y no hacer caso a sus desprecios, ahora responde al nombre de Horus, al silbido, e incluso, casi, casi al sonido de mis pasos.
Con tiempo y más tiempo hemos bailado juntos.. bueno yo he bailado y él no se ha alejado, se ha quedado a mi lado mirándome y moviendo sus orejas.
También hemos jugado a empujarnos con cabeza con cabeza, fácil adivinar que ganó él, y a empujarnos hombro con hombro.
Lo que más me ha gustado de todo, ha sido que me permita acariciarle las orejas!!.
Ha sido fantástico, una sensación maravillosa de paz y comunión entre los dos.
Hoy he sido feliz de forma continuada durante unas horas.
Estoy convencida que la felicidad no es permanente sino que se tiene en momentos discontinuos en el tiempo.
Por lo tanto he disfrutado de un buen mordisco de felicidad.
Es algo que “anclaré” a mi memoria para recurrir a ello cuando falten momentos de tranquilidad.

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EJERCITANDO MI EMPODERAMIENTO

EMPODERAR CON ALEGRÍA

Un sitio donde tengo la oportunidad de ejercitar el empoderamiento y la asertividad es en un taller mecánico.

Por lo que he hablado y escuchado de mujeres y personas sensibles en general, es un sitio donde los hombres y su mentalidad viven en total armonía.

Ojo! No afirmo que todos esos hombres sean el prototipo de machismo, sólo hablo de su comportamiento cuando están dentro del taller.
Para mí, el hecho mismo de bajar del coche en esos sitios es en sí mismo un ejercicio de voluntad.

Os cuento lo que me suele suceder cuando es un hombre el que me recibe, hay dos casos tipo:

1. Te habla como si fueses estúpida, sin dejarte intervenir suelen dirigirse a ti con mucha amabilidad y con preguntas tipo que se harían a una niña de unos 6 años.
En este caso, respondo escuetamente, con un “Sí” o un “No” es suficiente.

Con eso consigo que esta persona termine por quedarse sin preguntas, con lo cual tengo tiempo de explicarle con sencillez qué noto en el coche para tener que llevarlo al taller.

2. Con toda amabilidad, también, se dedican a preguntar cosas de tu coche como si fueses un especialista en el tema.
Aquí, la respuesta que doy suele ser: “no sé” con un ligero encogimiento de hombros.
Y otra vez el final de la conversación suele ser el silencio. Aquí es cuando intervengo con frases más largas tipo: No soy mecánica, si lo fuese no estaría aquí, estaría arreglando yo misma el coche. Si tu ordenador se estropea llamas al médico o al informático?.

Estas frases suelen dejarlos muy sorprendidos, unos se ponen rojos y otros pálidos.

De momento, en todos los casos, han bajado la cabeza para reflexionar, seguidamente sonreír y cambiar a una actitud donde soy tratada simplemente como persona.

Todo lo que hablo lo digo con una sonrisa, una sonrisa franca que transmite alegría o divertimiento sano, en ningún momento alzo la voz, ni me siento tensa. Soy franca en mis comentarios y preguntas. No quiero ofender ni humillar, sólo que me traten como a una persona.
Y por qué me siento empoderada?

a) Utilizo la afirmación o negación sin agresividad, sólo con firmeza.
b) Son ellos mismos los que acaban con sus recursos, no discuto para convencerlos.
c) Utilizo ejemplos que se me ocurren y en los que no se sienten atacados, por lo tanto les dirijo a una reflexión propia, no les impongo mi punto de vista.

Empoderamiento desde la alegría, desde mi centro personal sin dejarme influenciar por nadie.

Ahora buscaré otros sitios donde sentir que puedo y quiero empoderar mi vida.

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NO SOY UNA PERSONA NORMAL

SOY UNA PERSONA NORMAL O NO

Me ha pasado que en dos días consecutivos dos personas totalmente distintas me han dicho ¿Es que no hay personas normales?

Uno de ellos me dijo que era consciente de su necesidad de encontrar personas normales, estaba hablando conmigo y claro, eso hizo que reflexionara… Yo no soy normal según su punto de vista, puesto que no me veía mientras hablaba. Parecía evidente ¿no?

Al día siguiente una amiga mientras manteníamos una conversación telefónica, me preguntó ¿Es que no hay personas normales?, otra vez vino la misma reflexión… En esta ocasión tampoco soy normal según su punto de vista.

Luego he ido preguntando a personas que conozco sobre lo que era para ellos “ser una persona normal”.

La conclusión después de esta pequeña encuesta es sencilla, en general, para cada uno, los “normales” son los que coinciden con su forma de ver la vida.

Yo tengo mi propia forma de ver las cosas, mis realidades no tienen porqué coincidir con las de otras personas, unas veces sí y otras no, en momentos diversos estoy de acuerdo y en otros momentos no lo estoy.

Pienso que nadie ve las cosas siempre, exactamente como otro, porque si viéramos las cosas como otros podríamos llegar a ser “otro”.

Me declaro ANORMAL:
- Me gusta escuchar a las personas cuando hablan.
- Me encanta acompañar a las personas en sus deseos de descubrimiento y cambios.
- Me manifiesto enamorada de los animales.
- Unas veces quiero estar sola y otras quiero compañía humana.
- Quiero a las personas en general.
- Me alejo de quien intuyo que puede lastimarme.
- Cometo errores todos los días.
- Tengo esperanza en el género humano.
- Siento desesperanza ante el género humano.
- Disfruto del sol, de la sombra, de la lluvia e incluso del viento.
- Juego a coger conchas en la playa y si me apetece tirarlas dentro del mar.
- Me apasiona quedarme minutos y minutos mirando una mariposa posada en una flor, escuchar un pájaro cantar y moverse las hojas de un árbol.
- Cometo errores en cada momento, unas veces aprendo de ellos y otras no.

Por lo tanto, deduzco que no soy una persona normal.

Lo más importante para mí, no es si soy o no soy normal.

Lo más importante es ser yo, aceptarme como soy.

No me pongo etiquetas, no me importa si me las ponen y sobre todo aprendo continuamente para NO ponérselas a otras personas.

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